Glasgow, año 1974. Tres
jóvenes incendian una peluquería en un barrio de la ciudad, aunque no sabían
que en ese momento había tres mujeres y dos niñas en su interior. El pueblo
pide para ellos la horca, pero cuando están yendo del Juzgado a la cárcel, un
grupo de desconocidos se los lleva. Harry McCoy estaba por allí, aunque debido
a su reciente úlcera de estómago, que casi le lleva a la muerte, tendría que
estar de baja. Y haciendo un régimen con abstinencia de alcohol y tabaco que,
por supuesto, no sigue. Aunque no le encargan ese caso, sino el de un suicidio
de un viejo de los bajos fondos. Pero sigue de refilón los intentos de solución
del caso del incendio, y resulta que el suicidio que investiga puede tener que
ver con los tres jóvenes.
Autor: Alan PARKS – Editorial: TUSQUETS. Barcelona,
2024 –
Páginas: 384 – Género: Novela negra – Público: Adultos
Desconocía la existencia de este
autor, Alan Parks (Glasgow, Escocia, 1963), aunque tiene algo de lógica mi
nesciencia, porque la primera novela que publicó es muy reciente, de 2019. Esta
es la quinta, todas ellas de la misma saga, protagonizada por el detective
Harry McCoy. Tiene gracia porque cada novela lleva un mes en su título; Un
mayo funesto tenía, por ello, que ser la quinta. Y la sexta ya está
publicada en inglés, con el título Morir en junio. Aunque ha empezado
tarde, se ve que es un prolífico y original autor.
Sus novelas están también
situadas en el mismo lugar y época histórica: la escocia de los años setenta
del siglo anterior, con el renacimiento de un sentimiento independentista que
daría lugar al primer referéndum de independencia del reino de Escocia. La
sociedad, entonces, se levantaba contra los británicos, dando lugar a cierta
inseguridad entre los ciudadanos de a pie. No se trataba de nada similar a lo
que sufrieron en Irlanda del Norte, pero sí de sensación de violencia.
Ahí es donde trabaja nuestro
detective. Acaba de salir del hospital, debido a una úlcera de estómago con
perforación que casi le lleva a despedirse de este mundo. Pero, tras tanto
tiempo hospitalizado, sólo pensar en quedarse en casa le vuelve loco, así que
cuando escucha que van a llevar a unos jóvenes al Juzgado, acusados de provocar
un incendio que ha causado varios muertos, se planta allí para echar una mano
en lo que pueda. Con ese movimiento indirecto intenta involucrarse en la
investigación de ese crimen. Pero su jefe no se lo permite, y le encarga la
indagación del suicidio de un anciano alcoholizado. Pero sigue de refilón los
intentos de solución del caso del incendio, y resulta que el suicidio que
investiga puede tener que ver con los tres jóvenes.
La novela es muy intensa e
interesante. Es negra, pero negra negrísima; el protagonista está enfermo pero
hace – nunca mejor dicho – de tripas corazón, para continuar investigando, en
una continua huida hacia adelante que no se sabe dónde va a parar (también
porque, por supuesto, no hace caso de su régimen y abusa del alcohol y del
tabaco). No es tampoco un personaje con el que vayas a empatizar. Pero la
historia está bien trazada y mejor resuelta. El autor consigue entrelazar los
dos casos, los personajes que van apareciendo, a cuál más sórdido,
siempre tienen algo que ocultar, y será labor de la policía deshacer nudo a
nudo.
Una de las subtramas tiene que
ver con casos de pedofilia y fotografías a menores que pasan de unos a otros;
es muy incómodo y desagradable de leer. En él está envuelto también un
sacerdote importante, futuro arzobispo de Glasgow. Y, en general, la creencia
religiosa, y más específicamente la católica, queda en mal lugar, como si el
autor tuviera algún trauma. La vida de Harry McCoy, el protagonista, no es
ejemplo de nada, excepto de persona que ha salido adelante a pesar de las
dificultades que ha tenido que superar en su vida, y su vínculo con su padre
alcohólico es algo enfermizo.
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